27 de marzo de 2015

Cocina




Y es ahí donde estás.
Nunca vi una ventana tan pequeña
que diera tanta luz,
aunque no dé a ningún sitio los domingos.
Esos domingos azules
o grises que brillantes u opacos
se me escapan entre los dedos de las manos
si los amaso en tu cocina.
Mis manos se pegotean con harina y agua
pero no importa
porque en tu cocina
está esa pequeña ventana.

Nadie nos ve por ahí.
Sin testigos quedó guardada la tarde
que tratabas de entender lo que yo quería.
Era muy fácil por eso te mentí.

Ahora, al mediodía cortamos cebollas
y hablamos de cosas que no son importantes
y a veces, corto  el tomate en ocho rodajas
mientras hablamos de cosas importantes
que para mi sólo son relleno.
Por momentos uno de los dos ha estado sentado en una silla.
Pero también nos abrazamos.

Cuando miro por la pequeña ventana,
no se si espero que se haga inmensa,
no se si espero que se haga de noche.
Siempre es pequeña
y cuando se hace de noche, desaparece.
Y como ya no hay ventana, ni testigos,
me abrazas con ternura y te susurras:
ella merece saber cómo la deseo.

Por las noches uno dice la verdad
y por el día uno miente.
Por eso siempre sé cuando me estás diciendo la verdad.
Porque es por las noches cuando veo tus lágrimas
que me piden que nunca te olvide.






5 de diciembre de 2014

Telegrama

Puedo amar.
Pero no lo puedo decir.
De hecho, amo.
Tengo miedo.
No tengo miedo a perder la libertad.
Tengo miedo al dolor.
No a mi dolor.
Tengo miedo a tu dolor.
Aspiro a un amor que no se si es posible.
Una entrega tácita y completa.
Mi silencio es tan doloroso.
El no poder decir que no quiero a nadie más.
No es que todos los hombres sean más o menos iguales.
No es que todos los hombres sean más o menos diferentes.
No me importa nada de todo eso.
Es posible que me arrepienta algún mañana de haber dicho basta.
Tu cariño se cuela por las grietas de mi corazón mudo .
Ahora debo pensar.
Tres días y tres noches.
Me vuelvo silenciosa cuando amo.
Me vuelvo fiel cuando amo.
Pero no lo puedo decir.
Solo puedo amar.


3 de diciembre de 2014

La mala mujer

La dejó ayer  porque era una mala mujer.
Según él, ella no era buena.
Ella no era muchas cosas:
Buena.
Atenta.
Bonita.
Luchadora.
Atractiva.
Generosa.
Abnegada.
Combativa.
Solidaria.
Digna.
Diligente.
Honrada.


Ella dejó que él la dejara porque, aunque poseía todas estas cualidades, planeaba salir de viaje a Budapest.


5 de abril de 2014

Escríbeme rojo

"La lengua no tiene huesos, pero es lo suficientemente fuerte para romper un corazón. Por eso tenga cuidado con lo que dice."

Recuerdo lo desdichada que me sentía el día que de casualidad encontré esa frase. ¿A quién le gusta que le rompan el corazón en una frase? De todos modos, me da igual. Un hombre para mi es como una fruta de estación. Si no es comido por mi, terminará pudriéndose. 

 Tengo un amigo que me dijo una vez que era una femme fatale, a mi me causó mucha gracia, pero tenía toda la razón. Lo soy. ¿Sabiendo ésto qué puedo temer? ¿Qué algún día se me acuse de ser una asesina en serie? Lo tengo muy estudiado, aduciré que ha sido en defensa propia, si no me creen les mostraré todas las cartas y verán que estaba tratando con suicidas, quedará la duda, pero me dejarán en libertad. 

 Estaba molesta. Hace meses que no escribo como quiero. No tengo un motivo. Mi personaje fetiche se ha tomado un año sabático y me ha dejado en la estacada. ¡Eso es! En la estacada. Un error de cálculo teniendo en cuenta que soy curvilínea, tengo una sonrisa razonablemente atractiva y me gusta la aventura. 


Hice dedo y de pronto, sin darme cuenta, paró un coche en la carretera para que me subiera. No podía ver al conductor muy bien, solo vi que era muy alto y poco más. Soy miope. Decidí subirme, creo que he dejado claro en el párrafo anterior que la asesina soy yo. Es difícil que se topen dos asesinos seriales y se asesinen mutuamente, ¿no?. Si algo así pasara, sería hasta bueno, el mundo está hoy en día muy sobrepoblado. 

 Me subí, el que conducía me saludó y me preguntó hacia dónde me dirigía, al mismo tiempo que ponía el coche en marcha, y fue un instante en el que pensé: "so tonto, esta carretera va en una única dirección." Me equivoqué. El camino llevaba al sitio contrario al que pensaba. Siempre es así cuando uno tiene el corazón roto. Fíjense, ¿a dónde van las mujeres cuándo les rompen el corazón? A la peluquería. ¿Y los hombres? ¿A dónde van los hombres cuándo una mujer les destroza el mismo órgano? A ninguna parte. A emborracharse. Esa es la diferencia, las mujeres van a reconstruir su autoestima para cazar al próximo que les romperá el corazón. Los hombres van a seguir degradándose, cosa que han venido haciendo desde siempre. Romperle el corazón a una mujer es degradarse. Romperle el corazón a un hombre es imposible, no tienen. 

 Me dejé llevar, nunca mejor dicho, me hundí en el asiento al lado del desconocido y lo dejé hablar, como hago siempre. Es agradable ver cómo al hablar, se va dibujando un perfil de la persona. No necesité ni mirarlo, entrecerré los párpados y dejé que se dibujara ante mi lo que me contaba. Tuve que erguirme en el asiento, no me permitía adormecerme lo que decía. Había dado de casualidad con un personaje atormentado. Supe que no iba a poder dormirme en todo lo que quedara de viaje. Me estremecí, pude ver también a través de mi ventanilla que se avecinaba una tormenta y que estaba comenzando a anochecer. Intenté no oírlo, pero no podía. Me aterrorizaba ver cómo comenzaba a caer el agua fuera y golpeteaba los cristales con desparpajo, era hasta preferible escuchar lo que me contaba. De vidas ajenas en tierras lejanas, de épocas remotas. 
Tenía que lograr que parara de hablar, si no lo hacía, iba a tener que asesinarlo antes de tiempo y no se conducir. ¡Deshacerse de un cadáver con lluvia en el medio de la nada y poder huir indemne es una tarea casi imposible! 

Estaba en todo esto cuando se escuchó un ruido fuera y tuvo que dejar de hablar para hacer una maniobra y desacelerar. Salimos con el vehículo de la carretera. Mudo por unos instantes, me miró, probablemente fue la primera vez que le vi la cara al sujeto y dijo, con ese acento extranjero que tan bien conozco: Un pinchazo. Salió del coche. 

Llovía torrencialmente y me sentí un poco culpable de todos mis malos pensamientos. Por el espejo retrovisor podía ver que estaba buscando cosas en el baul y que se estaba poniendo perdido por el agua que caía sobre él. Me inundó la lascivia. Suele pasarme con frecuencia. ¿Saben?, es más difícil poder evitar la lascivia por un personaje que huir de la policía. Tenía que morir. 

Súbitamente entró en el coche y me informó que habría que llamar a la grua, había olvidado el gato y no podía cambiar la rueda. No se enteraba de nada. Me enfurecí, mi personaje me estaba haciendo cambiar de planes con demasiada frecuencia en demasiado poco tiempo, me estaba desequilibrando. Volvió a abrir la puerta y comenzó a telefonear como poseso. Había parado de llover. Comencé a comprender que por una vez, no era yo la que manejaba la situación. 

 Mientras esperábamos que nos rescataran de la estacada y viendo que mis planes se estropeaban completamente, le conté alguna anécdota graciosa, teniendo al principio cuidado que no se asustara, pero en poco tiempo pude ver que era bastante comprensivo con mis historias truculentas, eso me animó. De la guantera sacó una botella y me ofreció una especie de licor que yo no había probado antes. Me explicó qué era exactamente, pero no lo entendí. Llegado a un punto, mejor beber sin saber qué se bebe. Bebimos. La sensación de bienestar que genera en mi el alcohol es muy agradable. Es comparable a la que me genera el escribir. 

 Puede ser que pasaran  horas así, de charla y bienestar, esa combinación que todo lo puede. ¡Hay tanto que contar! Antes de quedarnos definitivamente en silencio, pronunció a media voz: es mi camino vivir pagando por la felicidad de otras personas. Me prometí a mi misma no volver a matar a un personaje antes de que me contara todo lo que tenía dentro de su corazón destrozado. 


 No voy a contar la escena de la grua, no tiene la menor importancia. Tampoco les diré que todo esto es un producto de mi imaginación, creo que lo saben, por otro lado: ¿qué podría importar que no haya hecho dedo nunca en mi vida?, ¿ ni que jamás haya matado a ninguno?,  claro está, no soy ni por casualidad una femme fatale y no he  conocido jamás a un extranjero que me contara su vida en un viaje. Nada en absoluto. Solo importa que imagine, solo existe eso para mi.  Y  si  logro escribir,  pueda arrancar alguna sonrisa a quienes cometan el gran error de leerlo.

22 de diciembre de 2013

Vida que duele, que lastima, que envenena, intoxica, hiere. Vida que canta, que arrulla, que grita, gime, duerme. Vida que ríe, que mana, que ahonda, va, viene. Vida que comienza, que transcurre, que pasa, suspira, muere.

29 de agosto de 2013

¿Has sentido esa sutil diferencia entre la alegría y el sobresalto? ¿Y te ha dado un vuelco el corazón al girar el coche en una curva en camino de montaña? 
¿O algo frío caer por tus mejillas primero para luego comprender la tristeza de tus propias lágrimas? 
¿Emocionarte acaso con la luz que irradian esas pequeñas y sonrosadas mejillas en una almohada?
 ¿En la desazón de la aparente nada tumbarte, ya que crees que así, el propio desasosiego te abandonará más pronto?
 ¿Despertar una mañana y descubrir que los pájaros que cantan parecen haber roto el hechizo de la noche de agonía? 
 Y todos los demás etcéteras, ¿los has sentido? Yo tampoco. Pero todo lo que si he sentido, es lo que me hace saber que importa poco quien creas que está a tu lado.


26 de agosto de 2013

Ultimatum

Quiero que me leas atentamente. Porque probablemente no haya otra oportunidad. ¿Me entiendes, no? Estoy harta de tu egoísmo, de tu egocentrismo, tu egolatría, de tus ausencias. De tus tonterías. De tus bromas absurdas. De tu miedo a todo sin temerle a nada. De tu falsa modestia y tus complejos de inferioridad.
Es un  ultimatum. Porque esto se acaba, y se acaba para siempre. 
Y deja de intentar conectar con el mundo. Deja de contar. De escribir. Deja de escribirte. 
Abandona la estupidez. Deja de pensar que eres el ser más desgraciado del universo. Deja de pensar que eres feliz así. 
Deja de pensar que si le das una moneda al mendigo de la puerta del supermercado eres mejor persona y el mundo será mejor. 
Deja de sentir que quieres a todo el mundo mientras no quieres a nadie.  Deja de odiarlos y odiarte. 

Lo encontré en la puerta de la nevera hace unas horas. Me sorprendió que no hubiera perdido actualidad. Me pareció triste que no la hubiera perdido. 

21 de agosto de 2013

Varamientos

Esto venía a cuento de los varamientos. Se me vino a la cabeza en un momento dado. Tal vez iba  por el litro de cerveza, así que era de lo más normal que se me viniera algo así a la cabeza, supongo. Nunca entendí eso de que uno bebe para olvidar. Yo bebo para recordar. 

Estamos de acuerdo  que los varamientos son encallamientos de cetáceos en la arena de la playa o en la orilla del mar. Esta situación es a menudo fatal para los cetáceos ya que pueden morir de deshidratación. También suele suceder que sus pulmones quedan aplastados debido al gran peso de estos animales en tierra firme. En muchas ocasiones se hacen esfuerzos para salvarlas pero no siempre es posible. 


Odio salir, ya lo comenté antes. Y detesto beber. No soporto a la gente. Amo a la humanidad pero detesto a las personas. Luego me caen bastante bien individualmente, salvando las distancias. Ya lo comenté también. Me interesan las personas. Lo que cuentan. Lo que opinan. A veces me detengo a ver qué me cuenta un completo extraño en plena calle y eso que soy fóbica. Pero es más interesante el tener que detenerme y escuchar alguna historia de algún desconocido siendo fóbica. 

Luego no respondo las llamadas de mis amigos. Soy un poco incoherente. Me avergüenza reconocerlo, pero tengo una imagen de mi recurrente. Suena el teléfono, y veo que es uno de mis amigos el que llama, tengo la mano en el teléfono lista para responder en un instante...pero espero que el aparato deje de sonar. Reflexiono dos o tres minutos sobre lo que seguramente iba a contarme el que llamaba, hago una lista con ítems,  opción a, b, c...nunca hay más de tres posibilidades, la gente siempre habla de lo mismo que suelen ser dos o tres cosas y las ordenan de manera alterna. Me bebo un vaso de agua y llamo.  Ya preparada para escuchar. 

He llegado a escuchar a amigos en crisis tres horas al teléfono, decir algo, llorar, y decir lo contrario de lo que dijeron al comenzar, una y otra y otra vez. Lo confieso, no pienso nada en estos momentos. Tal vez, solo empatice. 

Cuando estoy mal, cuando me sucede algo muy chungo, me han sucedido cosas muy chungas en la vida, la verdad, no llamo a nadie. No se muy bien por qué, pero prefiero no hacerlo, es posible que por no joder. En mi otra casa, cuando hace dos veranos mi hijo no fue devuelto por su padre al final de las vacaciones, me sentía muy angustiada y  me metía dentro del armario. A los diez minutos de estar allí dentro  estaba tan agobiada por el calor en pleno agosto, que al salir de allí, se me aclaraban las ideas. 


Lo malo de los problemas sentimentales es que suelen venir acompañados de la idea absurda de la división del bien y el mal. El que te llama es el bueno, y se intenta convencer a si mismo de que está en lo cierto, no te llama para que le des tu opinión, llama para que le digas que tiene razón en todo. 


No creo en Dios, pero creo menos en las crisis de pareja y en las llamadas de teléfono que estas ocasionan. 


No se si creo en las crisis de pareja. Creo que las personas se obcecan en una estructura con calzador, cuando ya no hay manera de embutirse o embutir al otro, lo llaman crisis de pareja. Es agobiante. Cuando esto sucede, no puedo dejar de imaginarme observando lo que me cuentan y ver una inmensa playa detrás. Han estado nadando estas personas en las profundidades, flotando. Por momentos, me parece que los cuerpos de los protagonistas de la historia, emergen y se encallan en la arena. Se tienden sus manos, se entrelaza, para luego soltarse indignados, horrorizados, luego comienzan a aparecer otros cuerpos, traídos de un lado, de otro, la infidelidad, que me da náuseas.  Esta situación es a menudo fatal, el amor muere de deshidratación. También suele suceder que sus pulmones quedan aplastados por el gran peso que el compromiso tiene en tierra firme. Se hacen esfuerzos por salvarlos pero no siempre es posible. Porque en general, las distancias, son insalvables. Soy muy incoherente. Me contradigo. Por un lado, digo que no creo en la estructura impuesta del amor o blasfemo contra el amor, digo que no existe, para luego, sentir nauseas por la infidelidad. Es que los seres humanos somos muy contradictorios. Y muy hipócritas.  Y muy infelices, atrapados por nuestra supuesta capacidad de razonar. Pero pensamos muy poco, y encima, cuando pensamos, lo hacemos mal.


Si, es evidente, no hay que salir de las profundidades. Bajo ningún concepto hay que acercarse a la orilla. Para evitar los varamientos. 


3 de agosto de 2013

Más que nada

Tal vez sea eso, más que nada.
Lo que comúnmente llamo tu omnisciente ausencia.
El pasarla sola, la angustia, la pena.
O las alegrías, que nos dan mil vueltas. 
Tal vez sea eso, solo una palabra.
Que se enquista, jode, huye, o me trepana.
O que leas solo, o no leas nada.
O que mueras solo, y no veas nada. 

No te escribo del infame que es destino.
Del estéril que amamanta.
Ni del ciego en bicicleta, ni de la vena cava.

Sin palabras te escribo.
Para que las leas solo, o no las leas nada.
Para que las mueras solo, o no las veas nada. 



18 de febrero de 2013

Bicicleta

Nunca pude aprender a montar en bici. Aprender era un riesgo para mi. Era caerme. Al principio lo ansiaba, pero luego ya no.Aprender, no el riesgo.
De todas formas, no me rompí un brazo, pero me rompí un montón de otras cosas en la vida. Muchas veces de manera completamente innecesaria. Como todos. 
¿Por qué algunos nos aferramos tanto al pasado? No lo tengo muy claro, pero podría ser porque el presente no lo percibimos como si lo fuera, y el futuro es horrible. Por la misma razón que miramos películas que terminen bien. Por ilusos. 
Un poco como eso otro del arte blablabla. Alguien que se dedique a cualquier disciplina de esas llamadas artística es un miserable desgraciado. Como todos. 
Los músicos por ejemplo, se suben a un escenario y tocan y el público cree que son personas que tienen la suerte de hacer algo que les gusta. Se piensa ésto, en general, porque  solo es en ese momento que  oye esa música,  nunca antes, y muy probablemente, nunca más después. Pero es una falacia, el músico ha estado aguantando esas combinaciones de sonidos, una y otra y otra vez, hasta la repulsión. Luego de días de ese "instante mágico que me tocó el alma", siempre hay algún mamerto que dice cosas así, o "¡qué bonito, me he emocionado!", esto en general lo decimos las señoras, el músico sueña con un pasaje o dos, que lo persigue, lo agobia, canta en sueños, lo asesina, lo ahoga, hasta que finalmente lo deja en paz porque su sitio lo ha ocupado otro pasaje tan psicópata como el anterior. Luego está aquello otro, lo de que el arte es algo tan espiritual que no hay por qué pagarlo, parece dar miedo que se ensucie, que se nos cague. A los pintores les pasa más o menos igual, y a los escritores. Y se mueren más o menos de hambre. Como todos. 
Ahora que lo pienso, estaba hablando de los riesgos de aprender a andar en bicicleta y romperse un brazo. Una gilipollez en toda regla, teniendo en cuenta que al día de hoy, si uno decide subirse a un escenario es aceptar que te aplaudan y te adulen, al mismo tiempo que ven como te acabas de romper el culo sin que haya escayola para eso y les da igual. 

Así que la próxima vez que tenga la oportunidad, aprenderé a montar en bicicleta. 

27 de diciembre de 2012

Fragmentos

                                                                      I

Nos acurrucamos ambos en el sofá, que era amplio. Como él se arremolinaba demasiado,  le susurré entre risitas ahogadas: ¡Quédate quieto!¿No ves que  nos lo tiene prohibido?. Nos quedarmos quietos un par de minutos, así, yo le aprisionaba su pequeña mano en la mía. Lo sentí tan pequeño, tan enérgico. Lo abracé y olí sus cabellos. Soy feliz, me dije. Somos felices, rectifiqué.

                                                                      II

Ese instante en que decimos al pasar esa pequeña frase que nos resume páginas y páginas. La frase que me advierte, que me previene. La que no escucho. Hago caso omiso porque me desconsuela. Prefiero pensar que podré. Podré sola. Como si todo dependiera de mi.


                                                                     III

Lo miré y vi que estaba amarillo verdoso. Intenté infundirle ánimos. Le dije que era porque íbamos a mucha velocidad y que pronto, con el aire se sentiría mucho mejor. Cuando llegamos, nos perdimos en el gentío, le pregunté cómo se sentía, me dijo que bien. Me sonrió, pícaro y cansado, arrastrando su maleta pequeña, como él.  Esperamos al sol, un rato. Llegaron entonces a buscarlo. Nos despedimos.
Me quedé dando vueltas, sin saber muy bien dónde estaba. Llamé por teléfono para que alguien me respondiera quien era. Y sin éxito, tambaleándome, decidí volver. Volver por partida doble.

                                                                    IV


No vino nadie. Es lo mejor cuando no estoy. Siento tanto frío que me fragmento. Lo atribuí al invierno, y consulté el saldo que me quedaba de llamadas. Llamé dos veces, pero no  encontré a nadie.


                                                                     V

"Ella siempre se lo decía". "¿Le va la marcha?". "Si". "¿Es entonces esa clase de persona a las que parece que les gusta sufrir?" "¡Eso es!"...(Le cambiaría mi realidad, entonces).





3 de diciembre de 2012

Entre mis cabellos. Bajo mis uñas. Dentro de mi ombligo.  Más abajo. Ahí.  Tras mis rodillas. Y subiendo de  pronto, en mi labio superior.  En el centro de mi torso, en la cruz que formaría esta recta que de haberla, se interceptaría con otra perpendicular que uniera mis pezones pero más hacia un lado.  
Te vi. No, me vi yo. Tuve miedo. En todos esos sitios. Una y otra vez. Cerré los ojos. Dejé que el dolor me rompiera. Ya no lo siento en verdad, pero por momentos me ha quedado un reflejo, de gritar, quejándome. Pidiendo auxilio. 
Como he padecido la enfermedad, no se la deseo a nadie. Porque sin darte cuenta, a velocidades descomunales, te inunda y arrasa. Sientes que te asfixias, el corazón parece que va a dejar de latir en cualquier momento, las piernas se aflojan y casi no logran sostener todo el miedo acumulado. En el estómago  vacío, late un monstruo que se revuelve. Cuando comienzas a vomitar dudas, la cosa se acelera y confundes control con auto control. Control, la peor droga dura. 
Cuando se comienza a consumir Control se es completamente inconsciente de los efectos secundarios. Si se está físicamente cerca, se necesita saber exactamente dónde, con quién, qué hace o qué piensa la otra persona. Si se está lejos, uno intenta lo mismo pero a nivel virtual. Es terrible, porque cualquier mínimo cambio en el tipo de letra ya nos está indicando que corremos peligro. Los primeros días le restamos importancia, pero cuando consumimos de manera habitual el control, todo nos parece confuso. Una mota de jersey es un gran amor en ciernes, una palabra con h es el epistolario completo de Goethe, una mirada es la filmografía completa de  Alain Resnais, y así.

Hace unas semanas, cuando comenzó a notarse la llegada del invierno, y el viento helado me empujaba hacia la rutina, me pareció notar que de todas las drogas que he probado me sientan mucho mejor las alucinógenas blandas. Son más difíciles de conseguir  y tienen un efecto que aparentemente dura unos instantes, pero los efectos secundarios son más llevaderos, cosquilleo en el estómago, sorpresa súbita al oír una voz, ternura repentina, etc. Ya que Seguridad no me la puedo permitir, estaba resuelta a decantarme por esas otras. Te lo digo porque no quiero que sufras lo que padecí yo. Sobre todo teniendo en cuenta que entre mis cabellos. Bajo mis uñas. Dentro de mi ombligo.  Más abajo. Ahí.  Tras mis rodillas. Y subiendo de  pronto, en mi labio superior.  En el centro de mi torso, en la cruz que formaría esta recta que de haberla, se interceptaría con otra perpendicular que uniera mis pezones pero más  hacia un lado,  solo estás tu.

4 de septiembre de 2012

Donde yacen los corales

Serían las tres de la tarde más o menos,  cuando inoportunamente sonó el teléfono. No se muy bien por qué, respondí. Probablemente porque no tenía que llamarme nadie. Últimamente eso es lo que pasa, nadie tiene que llamarme, así que no me llaman. Hace días que me encuentro en ese estado que no llega ni a la melancolía. No me pasa nada. Tampoco me importó demasiado encontrarme con esa voz  conocida del otro lado, tal vez por la abulia que me invade últimamente accedí con tanta facilidad  a quedar.  
-¡Mira qué fácil eras al final!- me dije y me reí de mi misma, así, en mis propias narices. Me di cuenta entonces que no habíamos quedado en para qué quedábamos. Eso me perturbó, siempre que quedo tengo que saber para qué quedo. Por ejemplo, si quedo para ir a un bar tengo saber qué es lo que vamos a beber, quiero decir, necesito saber si vamos a tomar café o cerveza, si no se qué es lo que vamos a tomar cuando entremos en el bar, prefiero no ir. Si el convite es para ir al cine, tengo que saber qué película veré.  Y si voy  a quedar para ir a caminar, necesito saber la ruta. El resto de mi vida es lo contrario. Cuando parece que voy a girar a la derecha, giro a la izquierda o doy un giro de 360 grados y sigo en línea recta. Pero lo de un hecho puntual ¡es tan diferente!. Me puse muy nerviosa y tuve que llamar  y preguntar en dónde habíamos quedado y qué íbamos a hacer, pero como me puse tan nerviosa solo pregunté el punto de encuentro y corté .Llamar por segunda vez me ponía más nerviosa, así que me armé de valor y salí. 

Para ser verano y ser un día soleado, la temperatura era realmente agradable, cosa que agradecí, porque sufrir de fotofobia y morirse de calor a la vez es algo insoportable. 

Lo vi de pie, con las gafas sobre la cabeza leyendo un papelito y me dio un poco de risa la situación. -¡Ah los miopes!- pensé - que no vemos más allá de nuestras narices.- Pero eso me duró un segundo, volví a sentir que no estaba completamente segura si mis dos pies estaban apoyados correctamente sobre el pavimento y mi estómago me dio un pequeño sacudón. Inmediatamente después de que notara que yo ya había llegado tendríamos que saludarnos y eso iba a implicar o  un beso en la mejilla, o el abrazo. Temí el abrazo porque luego de un mes era lo esperable. 

El lenguaje de los gestos es magnífico cuando uno tiene de frente una persona receptiva. A menudo me pregunto por qué cuando le estoy sonriendo a alguien simplemente cuando estoy pensando en algo bonito me sonríe también, eso me hace dejar de sonreír , en verdad yo estaba sonriendo porque me agradaba lo que estaba pensando, y una sonrisa del lado de fuera me resulta algo desubicado, fuera de lugar. O cuando me repele alguien y de manera tan evidente me echo para atrás para que ni se me acerque y entonces el otro, receptivo, lo comprende y se me abalanza y se me cuelga del cuello como si estuviera a punto de caer por un precipicio. Eso es claramente el lenguaje de los gestos. No creo en el lenguaje de los gestos en lo absoluto, por eso, prefiero no quedar, aunque sepa a donde voy a ir, que voy a ver y por donde voy a caminar. 

Estaba muy enfadada en ese instante, pensé que en cuanto pasara el mal trago del saludo se lo diría sin ningún tipo de preámbulo. Me sonrió y se acercó, yo también me acerqué al punto intermedio y le puse la mejilla para que me diera un besito, pero no me lo dio, y tampoco me abrazó. Me cogió del brazo mientras me bombardeaba a como estás y  que tales y luego un chorro de como estaba él y todo lo que había hecho en este mes de vacaciones fuera.  Y mientras hablaba y hablaba, yo me estaba preguntando qué es la amistad. ¿Esto es la amistad? pensé, ¿una persona que nos lanza un montón de anécdotas completamente inconexas y que espera que lo estemos escuchando?. Me sentí fatal y me di cuenta que no estábamos yendo a mi parecer a ninguna parte así, así es que le pregunté a dónde íbamos, interrumpiendo de paso lo que me estaba contando que no se lo que era. Ni me escuchó. Tampoco me respondió y siguió arrastrándome del brazo fuertemente. A los cinco minutos habíamos llegado a las Vistillas. Por fin me soltaba el brazo y se callaba. 

No sentamos en ese sitio desde donde  se puede ver el cielo y un Madrid más abajo, desparejo. Me sentí mejor, estaba en un sitio que me resulta familiar, voy casi cada día por allí y aunque no tengo tiempo de sentarme y mirar nada, es mio. Pero bueno, digamos que tampoco era necesario para mi estar allí en ese momento. Y me pregunté dónde me hubiera gustado estar entonces, y me respondí, y me dolió. Me volví a mirarlo, estaba sentado mirando al vacío, con sus codos hacia arriba como sosteniéndose la nuca  con las manos detrás, y mascaba un pastito que no quise ni pensar de donde lo había arrancado. -Es guapo,  pero vaya payaso- acordé. Vio que lo estaba mirando y escupió el pastito, inmediatamente me sonrió con cara de golfo para luego preguntarme:- ¿te sientes feliz?

Dudé y no respondí. Me sumergí en mis propias dudas, en pequeños fragmentos de recuerdos. Y volví porque lo oí aclararse la garganta y decirme:- míralo desde este punto de vista, eres bastante joven aun, bastante bonita, tienes bastante trabajo y eres bastante independiente, tienes un hijo maravilloso, buena salud, tus amigos nos preocupamos bastante por ti,  nos gusta bastante lo que escribes, y hasta tienes un hombre lo bastante lejos para poder quererte bastante.  Todos los bastantes que no tengas puedes conseguirlos, no veo el problema. 

No dije nada. Desde ese punto de vista que me mostraba, yo no podía defender el mío sin parecer egoísta y ambiciosa. Llevo muchos años siendo así por eso se que hay veces que hay que buscar algo que decir, de cualquier sitio, debajo de una piedra si es necesario, pero quedarse sin hablar es como estar desnudo.  Así que hice uso de un recurso del que abuso, la pregunta retórica: -¿y tu? ¿te sientes feliz? - le dije, y no lo miré, por aquello del lenguaje de los gestos en el que no creo. Hice muy bien, porque me respondió:- ahora mismo, si. - Seguí con mi vista clavada en aquel mismo punto, y supe que ya  no sonreía. 

Pasaron unos minutos, diez, quizás más, yo tenía que regresar a todos mis bastantes, para poder seguir manteniéndolos, no sea cosa que al descuidarlos  ya no sean bastantes y pueda a comenzar a explicar por qué no soy del todo feliz. Iba a despedirme cuando me apartó el pelo de la cara y me lo puso detrás de la oreja, fraternal y tan suave, que parecía temer que se pudiera malinterpretar el gesto. 

-¿Sabes? Hay momentos en los que me parece añorar algo que nunca tuve, y que no se exactamente qué es. Y es muy frustrante, porque cómo se puede añorar algo que nunca se tuvo.- dije, y asintió. -Por momentos, no siempre, anhelo el fondo del mar, allí, donde yacen los corales.-

Poco después nos despedimos. Y no me hubiera importado que nos diéramos un abrazo,  pero en lugar de eso, me dio un pequeño pellizco en la punta de la nariz y pareció dejar de verme completamente, mientras se abrochaba una chaqueta  y cogía el casco de la moto. Me quedé de pie, mirándolo con el ceño fruncido, y casi sin mirarme me extendió el casco del acompañante, divertido. Cuando me apee en la puerta de mi casa ya me sentía notablemente mejor, le hice quitar el casco para darle el beso en la mejilla que me debía del encuentro, y me abrazó, mientras me decía al oído: -¿tu crees de verdad que ese hombre no te echa de menos? Él si debe sentirse en el fondo del mar...-


15 de julio de 2012

Pequeñas muertes






Leí hace un tiempo algo sobre el orgasmo. Algo así como que el orgasmo era una pequeña muerte.También leí  otra cosa sobre la inmortalidad de las obras de arte. No recuerdo muy bien, pero dicho con mis palabras , era algo como que el artista moría pero su obra trascendía y por ende, trascendía la obra de esa persona más allá de su muerte. Supongo que por eso se suele decir que el arte es inmortal o trascendente. 
A mi me interesa mucho más lo del orgasmo. Lo reconozco, se debe en parte a que suelo escribir chorradas y tocar obras que si han perdurado, lo seguirán haciendo a pesar de mis buenas intenciones.

 Las buenas intenciones son muy peligrosas. Las ideas también. Creo que las ideas son más comprometidas que los ideales. Los ideales son una especie de compendio de ideas, que para ser reunidas han tenido que pasar por diversos filtros, las ideas son fogonazos individuales que si llegan a ser singulares y gozar del cierto privilegio de la novedad y la buena acogida de otros individuos, estos comienzan a sentirlas propias y  puede llegar a convertirse en hechos. Los hechos. Los hechos narrados, escritos, también trascienden. Pero en algún momento tuvieron que morir, es decir, murieron en el mismo instante siguiente al  que ocurrieron. 

Te estoy escribiendo esto porque hace un año que te estoy queriendo. Quería que supieras exactamente lo que estoy pensando en este momento. Por esta necesidad de la que hablaba en el primer párrafo, la de trascender más allá de las pequeñas muertes de los hechos del instante. 

No se muy bien si mi vida es vertiginosa y busco la quietud, o  por el contrario, mi vida es quieta y la vivo de manera vertiginosa, o alguna otra cosa que no se me ocurre o no percibo. 
¿Te has encontrado alguna vez en un sitio lleno de ruido intentando hablar con otra persona y no poder oírla tan siquiera? Yo escapo de eso. Busco poder oír lo que me dicen, leer lo que me dicen. Poder oír lo que me digo yo, poder leerme. 

Vamos a suponer que por alguna causa, dos personas, ajenas a mi persona  tienen una vivencia conjunta de la cual se deriva un hecho determinado. Y vamos a suponer que una de esas personas me cuenta la historia desde su perspectiva y  percepción. En el momento en el que yo abro los oídos, y escucho la historia, comienza a forjarse lo que será una tercera perspectiva y percepción de la historia en cuestión, ninguna de las tres percepciones tiene por qué ser verdadera, o mejor dicho, no es la verdad.  Tampoco busco la verdad, quiero decir, si buscara  la verdad,  realmente sería  una ingenua. No, yo me busco a mi misma, a mi propia percepción. La percepción consciente de hechos vitales. Por otro lado, vivo. Siento  que necesito llegar a altos grados de percepciones conscientes para luego  lograr desprenderme de ellas cuando yo lo quiera. Por ejemplo, cuando estoy contigo. Cuando solo somos tu y yo. Cuando no hay historia aparente o narrable. Cuando tengo un orgasmo contigo. 

Supongo que comprenderás que lo que te estoy relatando ahora mismo es algo muy claro. O por ahí no, por ahí lo concibes retorcido. Pero detente un instante, entorna los párpados y deja que tu mente evoque ese momento en el que sonrío, mientras una rendija de brillante luz se filtra por entre tus párpados, como aquella primera vez que mis palabras, que no hacían otra cosa que  intentar describirme,  te encandilaron. 

Yo soy más o menos como todo el mundo, con mis peculiaridades. Y por momentos, creo que soy feliz. 

Más allá de las infelicidades, de las pequeñas muertes, de la distancia, de las diferencias, de que tu hayas necesitado encandilarte para verme y que yo haya necesitado cerrar completamente mis párpados  para percibirte y luego abrirlos con otro panorama completamente diferente, desearía seguir  compartiendo tantos  buenos momentos contigo. 


9 de junio de 2012

Violeta estaba escribiendo a oscuras, vestida. Esto último debe ser acotado ya que es común que escriba en semi-pelotas en la cocina, un recurso expresivo como otro cualquiera. 


Escuchaba Purcell porque estaba pasando por un momento un poco sombrío de su novela, y Purcell la transportaba hacia el dolor. Debería haber mirado simplemente hacia donde deambulaba Milady, a oscuras. Tuvo que hacerlo al fin. Presa de la desesperación, Milady le pidió que quitara la música "¿No te das cuenta que me hace daño?". 


 La miró intentando verla, y sin quitar la música, jugando a adivinar, tentó: "ah, otra vez el pequeño hombrecillo calvo.Francamente no se cómo no te has aburrido aun." Fingió seguir escribiendo, esperando la reacción, que al brillar por su ausencia, la hizo temer , que posiblemente esta vez, hubiera llegado el aburrimiento o algo mucho peor.Se sorprendió al encontrarse con la imagen de una mujer sombría, oscurecida por las dudas y el dolor. El dolor, ese duende escondido tras las alegrías, unas hadas bromistas que siempre tienen que irse de vacaciones a lugares remotísimos. De no haber sido Violeta como era, de haber podido, la hubiera abrazado, le hubiera dicho al oído que no se preocupara, que el sufrimiento, cuando aun se es joven y bella, carece de sentido común.Todo se quedó  en eso, un pensamiento sin compartir, un cúmulo de sentimientos sin compartir, que es justamente lo que causa tanto dolor en una ruptura. "Bueno", acordó consigo misma, "tampoco interesa que se lo diga, para eso tiene a la bandada de zánganos alrededor que llaman por teléfono todo el santo día, y que parece que es lo único que han aprendido a decir". Estaba enfrascada en estas disertaciones cuando de pronto, Milady comenzó a sollozar. "Bua! Lo que me faltaba, que me de el coñazo con estos ataques de histeria mujeriles y no dejarme escribir" y sin darse cuenta se le escapó un: "¡Deja de preocuparte ya! Se enamorará de ti en cuanto lo dejes, como les ha venido pasando más o menos a todos los inútiles anteriores." 
El efecto fue francamente negativo, los accesos de llanto se tornaron ininterrumpidos y con grititos alternos con una frecuencia demasiado continua, cuyo resultado daba una especie de hipo que le sumaba un alto componente de ridiculez a la situación.
Se levantó prestamente de la silla y acercándose a su dolorida amiga, le dio una palmadita en el hombro, felicitándose por ser tan conocedora de lo que es conveniente hacer en estos casos y le dijo: "Tienes razón, tienes razón, no es buena idea dejarlo, ya no necesitamos que haya ningún enamorado en pena más dándonos la lata por aquí, llamándonos a cualquier hora. Casi que es mucho mejor arreglar las cosas.Dime, ¿qué ha pasado ahora? Ha desafinado más de la cuenta en el último concierto al que has ido a oirlo, regalándole tu maravillosa presencia? O tal vez, ¿has sentido celos?"  
 No obtuvo como respuesta más que más hipos y sonares de mocos, y palabras entrecortadas entre las que pudo intuir el clásico pero nunca pasado definitivamente de moda :"no me quiere como quiero que me quiera". Violeta tuvo que esforzarse para no reírse a carcajadas de la situación. Le resultó tan sorprendente el notar que pudieran cohabitar en una casa tan pero tan pequeña, que parecía casi un mismo cuerpo, dos mujeres tan diametralmente opuestas.




 Y haciendo un pequeño intervalo en la acción, yo les pregunto a los lectores, de manera retórica: ¿no han logrado percibir en incontables oportunidades, qué las mujeres, cuanto más nos dediquemos de lleno a cultivar nuestra inteligencia analítica, no logramos otra cosa que producir un quiebre con nuestra inteligencia intuitiva y emocional, y  para no morir, estas partes se dividen y crecen buscando la fortaleza,  para poder de esta forma contribuir al equilibrio,convirtiéndonos, de esta manera en hidras? 


 Al fin, Milady, terminó con las llantinas y pudo concederse a escuchar el cerebral discurso de Violeta, que dijo estas espontáneas palabras: "Encuentro verdaderamente penoso, que ese pequeño hombrecillo cuya mayor habilidad es tocar esos dos cajones que en la antiguedad eran llamados instrumentos, el uno con una manivela de automovil pasado completamente de moda y el otro a base de unas teclas para enanos de los bosques y un muelle de atizar el fuego, que escuchados individualmente pueden causar efectos variados en un rango que abarca desde el somnífero, hasta la enajenación momentánea, y comprendo, con dificultad, pero lo hago, que esta peculiaridad te parece algo rarísimo, irrepetible, y muchos otros adjetivos que lo dejarían bien parado, si fuera un ser mitológico, pero lamentablemente, es real. Existe, es pequeño,calvo, ostenta una gran tripa de cerveza, que no discuto competirá en tamaño con su gran corazón pero casi seguramente, serán ambos inversamente proporcionales a su pene. Tampoco importa esto demasiado, porque algunas mujeres como tu, son tan magníficas que logran hacer casi magia en la cama, así que le restaremos una importancia intrínseca en la cuestión. Lo que realmente es importante en estos aspectos, es que desde hace mucho tiempo, siglos, las mujeres estamos acostumbradas a adquirir. Queremos adquirir joyas, vestidos, enseres de todo tipo, incluso como si juntar tanta mierda no nos fuera suficiente, queremos "un marido". A menudo lo conseguimos, mucho antes de darnos cuenta que son, en su gran mayoría, objetos completamente vanos. En la antigüedad una los conseguía como proveedores de alimento, techo, y de toda la lista anterior de caprichos y claro está eran bastante necesarios para obtener un placer sexual momentáneo que inevitablemente, nos premiaría con la procreación. Es verdaderamente magnífico que los tiempos hayan cambiado tanto nuestra situación, y que penoso es para ellos, ya  que no solamente no los necesitamos, también nos podemos sentir muy afortunadas de poderlos ver en su verdadera magnitud. Te digo todo esto para que no sufras por algo que no tienes la menos necesidad de conservar si te ocasiona el más mínimo trastorno, no lo necesitas, si te gusta, consérvalo el tiempo que creas conveniente, pero no lo ames, tampoco es verdaderamente necesario, quiérelo si, pero no pierdas demasiado tiempo, en general son muy egoístas y bastante tontos, no ven más allá de sus propios miedos, lo que les hace ser  al final de sus tiempos penosamente infelices, por su naturaleza inútil. El amante es el mejor animal de compañía al que una mujer puede aspirar por un período de tiempo variable  y deshacerse de él sin necesitar de la eutanasia." 
Volviéndose,  encontró a Milady nuevamente rozagante, con su cascada de rizos negros, que enmarcaban en su cara oval una medio sonrisa que la convertían en un verdadero imán para un sin número de palurdos disminuidos, antes tan bien descritos.
 Por eso, señoras y señoritas, pueden llorar si lo desean, es muy bueno para limpiar los lagrimales, y prevenir las bolsas bajo los ojos, pero en todo caso es conveniente hacerlo con fines terapéuticos, y siempre acompañarse de dos pequeños espejos, para mirar nuestro exterior e  interior y sacar nuestras propias conclusiones de quiénes deberían realmente llorar, cuando ya no deseemos  adquirirlos.

27 de abril de 2012

Hay veces en las que es mejor quedarse sin saber. 
Me sorprendió tu interés por el cómo. Aunque puedo suponer que luego te preguntarías el por qué. Pero déjame que te diga, que el cómo era algo que carecía totalmente de sentido estético, era algo chabacano. Pero el por qué no lo era. Imagínate que un día te levantaras, fueras a mear y luego te miraras al espejo y te preguntaras qué soy. Y sigues un poco más allá, y te encuentras una imagen vacía, que no te responde nada, solamente te mira, como si en verdad te conociera desde siempre. Luego sales a la calle y todo te da exactamente igual. Regresas a casa y escuchas una música emocionante y no sientes nada, absolutamente nada. Careces de deseo. No te emocionas. No tienes miedo. Todo es neutro. Lo bello y lo horrible sin ninguna franja que los divida. Eso me pasó a mi. Lo único que me parecía no haber perdido era la imaginación. La capacidad de crear. Quería crear un sistema para que los hombres amaran. Hacía unos años, había desarrollado una serie de investigaciones sobre el aprendizaje de la lectura musical. Se que si te lo explico, me comprenderás, porque tu has estudiado la teoría musical como yo, incluso más. Supón que lo que yo buscaba era que la gente que viniera sin saber el código en absoluto, es decir, que llegaran y vieran una partitura y no la diferenciaran de una página escrita en chino, en un año tocaran. Eso buscaba yo. Pero había una cosa más que yo no quería, no quería hablar. Lo que quería exactamente era, que entraran a la clase, se sentaran o se quedaran de pie, y en la primera hora de clase aprendieran a sostener el instrumento, soplar y contar, todo a la vez, evitando todo tipo de explicación intrínseca. No porque no pudiera explicar, eso a mi se me daba bastante bien, luego de años de didáctica, etc. Pero no quería, había llegado a la conclusión de que cuando hablaba, estaba premasticando la emoción. Cada clase era para mi un reto, todavía lo es. El primer problema que me encontré era el prejuicio de que hay que saber todo sobre algo para poder comprenderlo y reproducirlo. Me llegaban alumnos con unas listitas de tres a diez preguntas. No te das una idea de cómo me fastidiaba, no por que me preguntaran algo, si no porque estaban estorbando en mi investigación, si yo explicaba, me estaba haciendo trampa a mi misma. Opté por marearlos, es decir, el que venía con tres preguntas, se iba a casa solo con una a medio responder, ya que me pasaba los sesenta minutos íntegros de la clase en los prolegómenos. La clase siguiente regresaban como la clase anterior, con el papelito, y yo, efectivamente, tenía que retomar la explicación y perdíamos una segunda clase. Se aburrían soberanamente. Recuerdo que hubo uno que llegó la tercera clase, sacó el papel tímidamente y me miró aterrorizado. Cogí el papel, lo miré, lo hice un bollito y lo eché en la basura, luego, le dije: toca. Siempre me arriesgué, a que no volvieran, pero volvieron, los que me  interesaban. He sido muy afortunada. Soy atea, así que lo atribuyo al destino. Qué pasó con el que traía el papelito que terminó en la basura, pues muy simple, se dedicó a tocar, en tres meses tocaba melodías sencillas, pero de manera bastante fluidas. No soy alquimista, no puedo convertir  oro de una piedra, pero tampoco busco eso. Retomando lo anterior, el sistema para lograr que los hombres amaran, fue un fracaso. Por un motivo muy sencillo,la que no amaba era yo. Supongo que había amado, pero no había sido correspondida, incluso habiendo llegado a convivir con ellos,  no me habían amado. Por eso negué durante mucho tiempo que existiera el amor, eso era lo más fácil. Pero eso lo veo ahora, en ese momento, no lo veía, la imaginación y la omnipotencia, podían más. Así que utilicé a un hombre para el experimento, uno al que conocía bien. Un cínico. Comencé el experimento con él. Eramos amantes, así que lo tenía relativamente fácil, lo vacié. Lo agoté. El tío estaba exhausto. Recuerdo que un día, lo hice venir a verme tres veces. Para eso me tenía que inventar una cantidad de historias de lo más retorcidas que terminaban más o menos igual. Pero claro, tomé consciencia que un solo sujeto no me podía asegurar el éxito, necesitaba más. Así que acumulé tres, más o menos, es decir, de pronto eran cuatro o cinco, pero no tenía tanto tiempo, y me centré en tres. Tres que tenían un perfil de alguna manera similar, es decir, eran tíos que tenían exacerbada la parte sexual, y completamente empobrecida la parte afectiva. Como yo. Las idas y venidas se volvieron insostenibles, estaba completamente agotada y anémica, y las cosas comenzaba a parecerme que se me iban completamente de las manos, no había sido lo suficientemente lista como para buscar tres tíos que no se conocieran, y era un verdadero caos. Me sentía terriblemente frustrada, llamaban a cualquier hora,se escribían entre ellos, se peleaban, etc. Así que tomé la determinación que debía pasar a la  fase siguiente. Les había mentido, les había dicho que lo que yo buscaba,  era tener un grupo de amantes que no pretendieran tener una relación afectiva conmigo, y que fueran amigos entre si. Al comienzo les había parecido una idea brillante, pero con el tiempo ya no estaban tan seguros. En verdad, lo que les había parecido fenomenal en un principio, era que a la pregunta de(y te va a divertir esto, pero los tres por separado me la hicieron): ¿Podemos tener otras amantes? A lo que yo les había respondido: por supuesto que si, de eso se trata, de la "libertad". Que inocentes, al mes de comenzar estaban todos tan cansados que no podían casi ni ir a trabajar. Pasé a la segunda parte del estudio del  método. Corté con los tres. Les dije uno a uno, que no nos veríamos más. Por supuesto, no les dije que había cortado con los otros, es decir, corté de manera individual, y los dejé que pensaran lo que quisieran, pero agregué: pero no te preocupes, seguramente tus otras amantes, estarán mucho mejor atendidas. Luego, me senté a esperar. Me llamaron los tres. Me di cuenta que sin querer, les había creado una necesidad, y que en verdad lo que tenía que hacer era, cambiarla. Así que me llamaban por teléfono, venían a visitarme, o salíamos, cenábamos juntos, me contaban sus historias, yo les contaba las mías, y luego, si se había hecho demasiado tarde, los invitaba a que se quedaran a dormir conmigo, con una única condición, que no tuviéramos sexo. Y te preguntarás, a todo esto, que sentía yo. Pues yo, no sentía nada. Me había dedicado a estudiarles las reacciones. Conocía sus historias, sus obsesiones, sus temores, y si, les había cobrado un cierto afecto, pero nada más. Me alegraba si les salía algo bien, y me apenaba si tenían problemas, incluso familiares, pero cuando se iban, no me recordaba de ellos. Esto duró, no se exactamente, unos tres o cuatro meses, tal vez más. Y finalmente, mientras seguían las peleas, uno, se desmarcó y me dijo: te quiero.Y me pidió que dejara a los otros dos. Que ya no eran dos, porque uno de ellos era demasiado insistente con el tema sexual y no me servía para nada. Le dije que no, y corté definitivamente con él. El tercero y último, que estaba bastante a gusto con la situación y que parecía creer que iba a durar toda la vida, aunque tenía arranques de celos completamente injustificados para la manera en que estaba planteada la cosa, se encontró por última vez conmigo y cuando le pregunté si me quería, me respondió que no, a lo cual, le dije que lo dejaba para siempre. Lo curioso es que mintió. Un tiempo más tarde, me llamó y me lo dijo. No tuve valor para contarle lo que te estoy contando a ti. 
 Te conocí, digamos por correspondencia, en la primera fase de mi experimento. Me sorprendo al recordar aun, como durante una de nuestras primeras cartas, la que te escribí al notar un ligerísimo cambio de estado de ánimo en ti, que en ese momento supuse de manera equivocada que era una tendencia a la melancolía, el oirme una voz  interna diciéndome a mi misma: con este hombre, no querrías jugar jamás, y tampoco podrías. Viniste a conocerme cuando yo había dado por terminada la charada. 
 Hemos sido muy afortunados. Entre tu y yo, las cosas suceden de una manera tan distinta.  Y cuando me miro al espejo por las mañanas, ya no me pregunto qué soy.

4 de abril de 2012

Carlota

Hace aproximadamente un año, por esas casualidades de la vida, trabé amistad con Carlota. No me cayó demasiado bien al principio, probablemente porque percibí enseguida su mal humor, camuflado tras una sonrisa radiante, esa eterna candidez del hemisferio sur que viene, en general, acompañado de unas nalgas generosas y firmes que adornan el resto de sus apariencias resultonas. Luego la fui conociendo mejor, y me di cuenta que en Carlota, el mal humor estaba más que justificado.  


Me pasa de todo, me refirió un día de lluvia, estoy rodeada de torpes. 


Tenía razón, había tenido tanta mala suerte en el amor, que entre sus anécdotas, narradas  a borbotones, adormilándome sin remedio, lograba visualizarla como una flor de cactus. A veces me preguntaba por qué Carlota había sido tan infeliz en el amor, por qué solo había encontrado pinches en su camino, me consolaba pensar que era feliz a pesar de. Es curioso encontrarse muchas veces con gente que no han tenido en sus vidas más que adversidades y, sin embargo, viven con alegría, con emoción como si todo, o casi todo fuera maravilloso. En uno de nuestros encuentros me habló de su ex marido,  un verdadero monstruo, del que se había divorciado porque la maltrataba. La joya, el último verano, había secuestrado al hijo de ambos para finalmente devolverlo, supongo yo que porque el niño tenía un temperamento que desgastaba. Le pregunté que por qué no lo enviaba a la cárcel, quitándose así, al menos, un engorro de encima,  y me respondió ausente, que eso, también sería un engorro.
Fomento las amistades erráticas y dejamos de vernos por un tiempo,  hasta hace unos días, que creí verla frente al escaparate de una tienda y como no era ella, decidí llamarla para ver qué tal iba su vida. Se alegró mucho al oírme, o eso quiero pensar, porque con Carlota, nunca se sabe.


Nos encontramos en un café, y luego de ponernos al tanto de lo que nos había acontecido en el tiempo de stand by, sonriendo me dijo: conocí a un hombre. En un primer momento no supe si alegrarme o agarrarme la cabeza. Otro cactus, se me escapó. La divirtió el asunto, y le tuve que explicar mi teoría de la flor de cactus, rodeada de pinches. Casi sombría, lejana de su sonrisa rutilante, murmuró: no... Y quedando tácito el pero, la miré interrogante.
¿Sabes qué pasa?, prosiguió, hay pocos hombres que comprenden a las mujeres, y ésto, me parece, que se debe a que no  tienen el menor interés en comprender. 


En este punto, ya no tenía la menor idea de hacia dónde iba la conversación, creo que me distraje porque al decir ésto, Carlota agitó la cabeza y apartándose el cabello con coquetería, dejó a la vista una de sus orejas en la que llevaba un  pequeño zarcillo con forma de flor. 
¿En comprender qué cosa? Pregunté, con la esperanza de que repitiera así, el quid de la cuestión.


Muchas cosas, imagínate, que tu y yo tenemos una relación. Nos queremos, y aunque no tenemos ni idea hacia dónde nos dirigimos con exactitud, lo cierto es, que vencemos las distancias, los obstáculos que se nos presentan, y seguimos hacia ese sitio incierto. Incluso, habiendo sido antes, maltratados, ofendidos, engañados, no nos importa, vivimos el presente como si nunca nos hubiera pasado todo aquello. 
Seguía sin comprender, es más, me parecía que lo que me contaba, era hasta alentador, mi  linda amiga a la que habían, engañado, maltratado, y estafado una y otra vez, se enamoraba de un hombre que la correspondía, y él, que parecía haber podido superar que su ex mujer le pusiera los cuernos con su mejor amigo. Un canto a la esperanza. Me estaba contando todo esto y volqué el segundo café. La observé frenética limpiar la mesa y me di cuenta que había algo que la inquietaba. Una discusión mal entendida, me dijo luego. No quise preguntar, de todas formas, no era mi problema en verdad.
La acompañé al metro, y mientras caminábamos, en un Madrid otoñal en plena primavera, me confesó:


Me aterroriza el hecho, de que los hombres no comprendan que el corazón de una mujer es tan sensible como un pezón. Que cometan la  torpeza de dejar la puerta abierta a otros, interpretando el temor que ésto  genera  por la indelicadeza, con una escena de celos. 


No se a qué se refería, pero supuse que era algo muy importante e intrínseco. La próxima vez que la vea, espero que no lleve pendientes.

17 de marzo de 2012

Una descripción física.

Milady  le abrió la puerta a Benigno. Benigno hacia días que se encontraba, durante las clases,  desconcentrado,  cabizbajo, y de color gris. Ausente completamente, casi logra fastidiar a Milady que suele tener una paciencia china, o japonesa, depende del día. Como no veía mejoras en Benigno al recibirlo,  antes de comenzar la clase, cogió una pequeña campanilla que se encuentra  junto a otros artilugios sobre un gran mostrador, y  comenzó a hacerla sonar alegremente. Cabe hacer un paréntesis y aclarar aquí, que Milady, mas allá de poder parecer un poco loca a quienes no la conocen, en verdad, es loca. Pero seamos sinceros, quién no es loco, o mejor dicho, quien es cuerdo. 
Milady conoce a Benigno desde hace tres años. Tiene su perfil catalogado desde hace bastante en la carpeta: demasiado diferente.   Le tiene aprecio, pero más de una vez debió morderse la lengua. En esa carpeta solamente tiene, al día de la fecha, tres personas. Ya ha aprendido a ser más  cuidadosa, y  no opinar nada en especial. 
¿Qué es lo que puede desagradarle de una persona?Como ella es tan abierta, muchas cosas. La gente cerrada, es limitada hasta para molestarse, en cambio, la gente imaginativa, en cualquier momento percibe algo que no es tolerante para con la humanidad, ideas que son completamente limitadas, o que generan mal rollo, y ahí comienza la inquina, el fastidio, generalmente sin posibilidad de marcha atrás. Como no es xenófoba, le ha pasado con gente de todas las nacionalidades, pero buscando un patrón común, hay básicamente tres cosas que le generan aversión, como si de  un mal olor se tratara. La gente del Opus Dei, los franquistas, y la gente que cree que es buena porque hace todo como le dijeron que había que hacerlo. No hay que generalizar, pero tampoco hay que excusar por conveniencia. Tal es así, que cuando supo que Benigno, era hijo de un franquista, a riesgo de quedarse sin alumno, acotó: lo siento, en mi casa, el nombre del generalísimo no se puede pronunciar, es una mala palabra, si no viene junto a otra mala palabra después. Él no solo estuvo de acuerdo, si no, que le refirió una gran pelea que tuvo con su padre a raíz de aquello. 


Pero me estoy yendo por las ramas. Benigno, es cabeza de familia, la palabra divorcio, es para él de origen extranjero, cuando ve una pareja de dos hombres por la calle, cree que son amigos, y se ha venido convenciendo desde hace treinta y cinco años, que su mujer, es la mas guapa, la más limpia, la más de todas las mujeres del universo, es más, es la única. Igual que sus tres hijos, que son perfectos.


Los padres tendemos a ser muy crueles e inclementes con los hijos. Por un lado los vemos perfectos, pero por otro, no toleramos sus imperfecciones. Noches atrás, Milady, perseguía a su hijo para que tomara una ducha, y el niño, se le escapaba, así que ella, le explicó, que había que bañarse, porque las personas, si no se daban un baño diario, tenían mal olor, y aquello no era sano. Causó esto último  mucha gracia al pequeño, que riéndose, dijo:como los vagabundos. Ella se horrorizó, y se enfadó de manera brutal, le espetó con voz gutural y cortante: hay gente que no tiene casa donde dormir, no tiene qué comer, y no puede bañarse porque no puede, no porque no quiere. Tu te ríes de alguien completamente indefenso entonces, ¿cómo te sentirías, si  estando completamente indefenso, se rieran de ti?. Dicho lo cual, se alejó por unos minutos. Cuando regresó, lo encontró serio y silencioso. Más tarde, el niño, extendió sus bracillos alrededor del  cuello de su madre, a modo de disculpa. 

La hija mayor de Benigno, fue monja de clausura. Luego salió del monasterio y terminó la carrera de psicología que había dejado inconclusa antes de entrar.  El del medio es  un hijo, que es ingeniero, y calvo. La menor es otra chica, que ha terminado hace muy poco la carrera de Historia del Arte. Son unos jóvenes encantadores todos. Milady los conoce. Bueno, un poco malcriado el del medio, tal vez. Lo malo de criarse pensando que uno es bueno solo con  hacer todo como le han dicho que debe hacerse. 


De tres notas que daba el bueno de Benigno, dos no eran las que debían ser. Luego de veinte minutos en ese modo, el hombre, se derrumbó en una silla ante una Milady que lo miraba inexpresivamente, y volviéndose a poner de pie, confesó: tengo un gran problema. Ella lo miró, sin pestañar, sin decir nada, y él continuó con la confesión: ahora, todo parece volver más o menos a la normalidad, pero la semana pasada, mi vida con mi esposa era un infierno, me di cuenta que hace treinta y cinco años que digo siempre que si a todo, que me dice como debo hacer todo y jamás discuto nada, ni tengo derecho a hacerlo, porque si lo hago, ella montaría en cólera.  Milady asintió, pero al mismo tiempo, buscó rápidamente esa sensación en su cabeza, a quién conocía así, quién era dictatorial y caprichoso, quién hacía de su voluntad el mundo, y del mundo un infierno. Lo encontró. Siguió escuchando atentamente: la semana pasada hemos estado de boda, se casó la sobrina de mi mujer, que es, como una hija más, y mi cuñada, no invitó al amigo de mi hija mayor a la boda. Milady, por poco aplaude antes de que terminara la obra, cuando escuchó el final, de la anterior frase se contuvo. 
Le alegra tanto una boda, no por la boda en si, que le parece una redundancia,  ve como una especie de milagro, que en este mundo lleno de gente  tan egoísta, dos personas logren ponerse de acuerdo en algo. Y el enterarse de dos parejas en la misma frase, ya le parecía una cosa digna de un aplauso. Pero lo último lo opacó. Para alivianar la tensión, preguntó: ¿Piedad tiene un amigo?Eso es nuevo, que alegría, tu que siempre me decías que estaba tan sola allí, en Burgos, y fíjate, tiene ya  un amigo?Es un progreso.  
El otro volvió a sentarse apesadumbrado, y le explicó:es su novio.  


De pronto, Milady se dio cuenta que el problema no era que Piedad tuviera un novio, que el problema era que la familia no lo había invitado a la boda . ¿Y por qué no invitaron al novio de Piedad a la boda?preguntó ya completamente ceñi-fruncida Milady,  a quien  se le estaba antojando que en esta  familia, tan pipicucú, eran todos unos verdaderos mal educados. 


-Es discapacitado.


Silencio. 


Otra vez se refugió en la inexpresión, y tuvo que morderse la lengua para no preguntar: ¿Es de izquierdas?




-Es enano. 
-Pero...¿es una bella persona?.¿Lo conocen?.¿Por qué no lo invitaron?




¿Saben? Cuando explicaba antes lo de la carpeta: demasiado diferente, me estaba refiriendo a ésto. Ésto es ser: demasiado diferente. No me refiero al  novio de Piedad, que no conocemos en absoluto, me refiero a Milady y a Benigno, son tan diferentes, que ella le puede estar preguntando algo, y él no comprender lo que ella  le pregunta, y él le puede estar explicando algo, y ella no tener ni idea de lo que él le está diciendo. Es como si hablaran dos idiomas  diferentes. Y existe una  incapacidad en ambos. 


-No, es un monstruo horrible, que anda con muletas, nació con todos los órganos mal colocados, y tiene un carácter dominante y manipulador, hará con Piedad lo que quiera.


Milady, se quedó pensativa unos instantes, hizo una especie de cuadro sinóptico mental con el esquema familiar, la poca historia   que les conocía, los ordenó como si fueran un árbol de colores en su cabeza, y dijo:


-Mira, como me cuentas ésto, yo puedo tomar dos actitudes: una, es escucharte, y no decirte nada, la otra, es decirte lo que me parece, a riesgo que nos enfademos, porque yo pertenezco a otra generación y a otro mundo, a otra mentalidad.
El pidió su opinión. Y ella, que estaba un poquito harta de morderse la lengua en los últimos tres años, habló:


- En primer lugar, habría que ver si Piedad ama a ese hombre, poco importa si es enano, cojillo, o lo que sea. Si lo ama, tu, y toda la familia de tu esposa, pueden hacerle mil desaires, y no lograran nada más que resentimientos. ¿Que él es dominante?. No me extraña, ella fue monja de clausura,¿cómo crees tu que es la madre superiora?. Y te voy a decir una cosa, a mi me parece, y me alegro que estés sentado, que las monjas son discapacitadas, tienen coño, y no lo usan para nada. 


Levantó el mentón en señal desafiante, y prosiguió:


-Me parece más riesgoso, el que por el tipo de educación que ha recibido Piedad, se confunda, y vaya derechito al altar con un  hombre que no sabe si en la cama le va a funcionar. Lo que piense de él tu familia,  sinceramente, me la suda completamente. 


Benigno, el pobre, tenía los ojos como dos huevos fritos, y de pronto, casi sin poder controlarse gritó.


-¡Claro! Eso es exactamente lo que yo pienso, que se tiene que acostar con él antes, y ¡se lo he dicho!, ¡se lo he dicho!¿Y sabes lo que me ha dicho ella?, ¡se ha horrorizado que su propio padre le estuviera diciendo que faltara a lo que se le ha enseñado!


Se echó a llorar. Milady, le extendió un kleenex, y esperó a que terminara. Se produjo el contacto visual de una manera descarnada, ninguno de los dos estaba mirando a quien tenía enfrente.  Y ella terminó:


- La vida es muy extraña, por momentos, nos parece que algo es de una manera, y luego resulta que no es lo que esperábamos. Dime Benigno: ¿tu quieres a tu mujer?- El otro asintió.- Sin embargo, la describes como una mujer que te ha venido diciendo durante treinta y cinco años lo que tenías que hacer, y tu nunca se lo discutías para evitar discusiones. Si me guío por lo que cuentas, me imagino que tu esposa es dominante y manipuladora, como el novio de Piedad, pero tu quieres a tu esposa.  Yo me preguntaría, si en el fondo, de lo que tienes miedo no es, que Piedad se case con un enano, y que la gente se ría de ella, si no, de que se case con un hombre que le diga todo lo que tiene que hacer, y ella no pueda decirle que no a nada, los próximos treinta y cinco años.


Se quedaron en silencio. Ella se levantó y se ausentó,  para regresar minutos más tarde trayéndole  un te de jazmines. 


Terminó de bebérselo y se despidieron en el umbral, como cada semana, pero esta vez, él, le dio un besito en la frente. 


Cerró la puerta, y volvió al salón, donde aun retumbaban las voces, encendió un incienso, hizo sonar la campanilla, y abrió las ventanas de par en par, dejando entrar la luz del sol. Se sentó en el sofá, y entornó los  párpados, evocando a Sir, de pequeña estatura, calvo, con perfil de patriarca, enfundado en  su túnica medieval, bienhumorado  y  afectuoso. Y se vio ella misma, mirándolo, divertida, ella, la que antes  no sabía abrazar.